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lunes, 18 de mayo de 2015

MAGNÍFICA FUENTE PARA MURILLETE


A finales de abril de 1.871 se reúne el Ayuntamiento, Oncena y mayores contribuyentes de Murillo el Cuende con el fin de tratar sobre la necesidad y conveniencia de traer al pueblo por medio de una fuente, las aguas potables del monte de Santa Cruz para el consumo de sus habitantes, por ser las que hoy se toman del río Cidacos insalubres por demás.


El alcalde expone que se habían hecho los estudios necesarios por el ingeniero industrial gerundés José Campderá para conducir las aguas que emanan en el monte Santa Cruz y que reuniendo las condiciones necesarias de higiene, había levantado al efecto los planos y hecho la memoria facultativa en forma, pero careciendo el municipio de fondos y no habiendo ninguna clase de arbitrio sería necesario recurrir a Diputación para que conceda el permiso necesario para emprender las obras y echar mano del importe de los bonos obtenidos en la desamortización de los bienes de propios (corralizas y venta) y que a este pueblo corresponden destinados a obras de utilidad pública.
Formaban parte de esa reunión Casimiro Aguirre, alcalde, Manuel Giménez, José Iturralde, regidores, y Claudio Esparza, Juan Esain, Isidoro Garde, Salvador Andía, Sabino Garde, Gregorio Zubieta y Segundo Ardanaz, de oncena y mayores contribuyentes; y Fermín Aranguren, secretario


A primero de junio del mismo año, es el Ayuntamiento el que tramita la solicitud del permiso a Diputación. El fundamento de la obra es que las aguas del río Cidacos, únicas de que se sirve Murillete, no tienen las condiciones necesarias de salubridad, pues a su paso por Tafalla y Olite se mezclan con las corrompidas que salen de las fábricas de curtidos y de los molinos de aceite que hay en aquellas ciudades y arrastran materias insalubres de que aun no han podido desprenderse cuando llegan a esta villa. De aquí el grave riesgo de sus habitantes en adquirir enfermedades que pueden atribuirse a otras causas y que, sin embargo, la verdadera y tal vez la única, existe en las aguas de que hacen uso.
Y añaden, no es una simple sospecha la que se tiene de su insalubridad; el ganado las rehúsa y apetece las que produce un manantial que se encuentra en un monte elevado próximo a Murillo.


Reconocido el manantial sus aguas son puras y cristalinas y se ha visto que colocado el manantial a una gran altura y con un desnivel sumamente rápido, es muy fácil la conducción por no haber barranco alguno que haga necesaria obra de importancia.
Levantados los planos y formado el presupuesto, éste asciende a la cantidad de 27.806’72 reales.

+ Cálculos, ubicación y presupuesto de las obras proyectadas para la conducción de aguas a una fuente pública igualmente proyectada en la plaza de la villa de Murillete.
-      Importa el presupuesto de las obras de la fuente pública y accesorios de la misma 13.186’64 r
-      Importa el presupuesto de establecimiento de la cañería, construcción de pozos y galería para recoger y encauzar las aguas y construcción del depósito general, 14.620’08 r.
-      Total 27.806’72 r.  = 6.951’68 pesetas.
-      José Campderá, Gerona, 20-3-1.871.
Las cañerías serán de fundición y del sistema Sauyol, con un diámetro interior de unos 6 centímetros de diámetro, un espesor de 11 milímetros y con las condiciones de rasante que se establecen la velocidad del agua al descender por los tubos será de 0’51  por segundo y caso de abundancia de agua podrá el público disponer de sobre 200 litros por minuto o sea, 12 m3 por hora.


En septiembre de 1.872, la Diputación,  aprueba la inversión pretendida para tales obras; y acuerda que se entreguen a la villa de Murillo el Cuende los bonos que le correspondan con destino a ellas.

La obra no llegó a realizarse, probablemente debido al comienzo y desarrollo de la guerra carlista. Posteriormente se realiza otra fuente y abrevadero mucho más modesta que la proyectada por el catalán Campderá.

AGN. Caja 24.988. Secretaría. Expedientes Generales.



domingo, 23 de marzo de 2014

EL EXCESIVO CELO DEL ALCALDE DE MURILLETE



Con motivo de hallarse invadidos de la epidemia colérica algunos pueblos de Navarra durante el verano de 1.885, la Autoridad civil superior de la provincia, en consecuencia con las normas emanadas del poder central en materia sanitaria para prevenir el desarrollo de la epidemia colérica, mandó una circular de fecha 15 de junio de 1.885.

En ella se ordenaba que todo viajero procedente de otras provincias que pretendiese entrar en Navarra, fuese reconocido por el médico encargado del servicio del cordón sanitario. Si presentaba síntomas sospechosos de hallarse atacado del cólera morbo, fuera detenido con su equipaje y sometido a observación durante el tiempo que el médico director del lazareto estimase conveniente.  Si resultaba realmente atacado del cólera morbo, fuera conducido al hospital provincial, incomunicándolo, igualmente que el edificio.

Con este motivo, el Ayuntamiento de Murillo el Cuende dispuso, de acuerdo con la Junta de Sanidad, prohibir la entrada en dicho pueblo a todas las personas que llegaren desprovistas de patente o cédula de sanidad. De todas maneras, las que trajeran esa clase de documento, debían ser sometidas a observación en el local destinado a depósito municipal.

El alcalde, Basilio Ardanaz y Medrano, natural de Traibuenas, sospechando que Marcos Samper, domiciliado en Murillete, se había ausentado del pueblo por razón del tráfico o comercio a que se dedicaba, mandó fuese conducido al depósito municipal.

Allí permaneció encerrado desde las tres de la tarde del 25 de agosto hasta el mediodía del 27, sin que para la adopción de esas medidas hubiera precedido reconocimiento ni dictamen facultativo, puesto que en el pueblo no había médico ni farmacéutico y sin que constara o se hallara acreditado que Samper se hubiera ausentado de la localidad infringiendo abiertamente lo dispuesto en la citada circular.

Marcos Samper, una vez libre,  acusó al alcalde Ardanaz de detención ilegal y arbitraria por más de 24 horas y menos de 72 y así mismo lo calificó el  Ministerio fiscal, pidiendo se le impusiera la pena de 125 pesetas de multa y pago de costas.
Basilio se exculpaba señalando que llevó a cabo la retención según acuerdo de la corporación municipal y Junta de Sanidad. También alegó que Samper usó de una fuerza irresistible que le violentó para tomar dicha determinación y que la ley le exigía el cumplimiento de su cargo de alcalde.

Finalmente, en enero de 1.886, Basilio Ardanaz  fue condenado a la pena de 125 pesetas de multa y en caso de insolvencia a la correspondiente responsabilidad personal subsidiaria y al pago de las costas procesales.

Nota: En el partido judicial de Tafalla empezó la enfermedad el 26 de julio en Peralta y terminó el 25 de septiembre en Pitillas, reinando por consiguiente 67 días. El número de fallecidos entre la población total fue el de 2’50 % y de 25’28 % la relación entre invasiones y defunciones. El pueblo más castigado fue Miranda de Arga, donde murieron el 5’21 % de sus habitantes. El pueblo donde más duró la epidemia fue Funes, desde el 1 de agosto hasta el 30 de septiembre, o sea, 61 días. La localidad en donde reinó menos Murillo el Cuende, 4 días, desde el 14 al  17 de agosto.

Lau-buru. Nº 1.308. 26 de junio de 1.886.

miércoles, 6 de abril de 2011

CRÍMENES EN LA VENTA DE MURILLETE


Calahorra. Parece ser que el viernes 13 de marzo de 1.857 se presentaron dos elegantes caballeros en la posada del pueblecito de Murillete, distante de esta ciudad hora y media. Pidieron de comer lomo, y como la dueña del establecimiento se negase a dárselo, por ser viernes, armaron una de San Quintín, y trataron de marcharse a otro sitio; pero como no había otra posada dónde les dieran lo que deseaban, tuvieron que contentarse con comer de vigilia. Durante la comida la conversación giró sobre los muchos contrabandistas que circulaban por el país. La posadera tuvo la imprudencia de decir que su marido era contrabandista y que aquella misma noche lo esperaba con el dinero de unas cargas de sal. Concluida que fue la comida, los caballeros pagaron el importe de ella y se marcharon.

El sábado, entrada ya la mañana, observaron los del pueblo que, contra su costumbre, la posada estaba cerrada y que algunos arrieros que había en la puerta, por más que llamaban, no obtenían contestación alguna. Esto les hizo concebir sospechas. Dieron parte al alcalde, y luego que vino éste se llamó a un cerrajero, que luego echó la puerta a tierra.
Todas las puertas de la casa estaban abiertas y en medio del cuarto en que los amos dormían había un pozo de sangre, y junto a él los cadáveres del contrabandista y su mujer con las cabezas cortadas, y en el mismo cuarto, el baúl, donde se conocía tenían el dinero: estaba rota la cerraja y sin un maravedí.
Los asesinos parece se habían escapado por el tejado.
El juez de esta ciudad está practicando las mayores diligencias para averiguar quiénes fueron los autores de tan horribles crímenes.

Sábado, 28 de marzo de 1.857. La Discusión.