LOS
JUEGOS DE PELOTA DE PITILLAS
El primitivo frontón y las primeras
prohibiciones.
La afición a la pelota en
Pitillas viene de muy atrás, tanto que ya en 1677 el visitador del obispo
se pilló un buen rebote. Mandó avisar a los vecinos de que, bajo pena de
excomunión (casi nada), estaba prohibido jugar a la pelota mientras se
celebraban los oficios religiosos. Y es que el ruido de los pelotazos contra la
pared desviaba la atención de los feligreses.
Pasaron los años, y poco antes de
la Guerra de la Independencia, un maestro de obras, midiendo un terreno cerca
del palacio, solicitado por Gabriel Lucus para construir una vivienda (casa Iriarte-La
Casona) manifestó que en aquel lugar se podía edificar porque "no
estorbaba ni al camino ni al juego de pelota". Vamos, que el frontón viejo
ya estaba allí, junto a la ermita de San Bartolomé.
En 1850, el vicario del
pueblo, don Andrés de Carra, estaba tan harto de que se usara el pórtico de la
iglesia para jugar a pelota que dejó más de 1.000 reales fuertes en una
cláusula de su testamento. ¿Para qué? Para poner en el atrio una verja bien
hermosa con su cerrojo y llave y así evitar lo que él llamaba
"profanaciones y abusos". La voluntad del párroco no fue cumplida por
su propia decisión, ya que se lo pensó mejor y en su quinto y último
testamento, dispuso que sus cabezaleros repartiesen parte de su fortuna entre
los pobres conocidos de Pitillas y “no a la chusma que en estos casos suele
presentarse”, dando a cada uno media peseta por una sola vez el día de la
Natividad. El deseo de Carra fue cumplido recientemente por iniciativa del
párroco don Pascual Iriarte, quien mandó colocar la verja en el atrio, aunque
con fines bien distintos.
En la década de 1870, los
alcaldes se pusieron serios. Juan José Esparza y, tres años después, Saturnino
Iriarte, publicaron sendos bandos prohibiendo jugar en el atrio, en las plazas
y en las calles durante las funciones de la iglesia. Saturnino, además, insistió
en
la prohibición del uso de las paredes de la iglesia, incluso cuando el templo estuviera
cerrado.
Intentos de reconstrucción.
Como el frontón viejo de la
ermita de San Bartolomé estaba hecho una ruina, la juventud no se quedó de
brazos cruzados. Los mozos del pueblo, con el beneplácito de sus padres, acudieron
ante el Ayuntamiento con una idea: construir un juego de pelota nuevo por
suscripción popular. Pidieron usar el terreno situado al sur de la ermita. El
plan era serio: 52 metros cuadrados de piedra sillar buena y 88 metros cúbicos
de mampostería, aprovechando las losas sanas del frontón viejo. Al final, las
cuentas no salieron y la cosa se quedó en agua de borrajas.
En 1874, otros dos
vecinos, Luis Marticorena y Pedro Zabalza, lo intentaron de nuevo presentando
unos planos y su presupuesto de 1.495 reales, con una fachada de 8 x 7 metros y
su pared rematada "a lomo de gato" (redondeada para que el agua
resbalara y no entrase en la pared). Tampoco cuajó. Pero el Ayuntamiento se
guardó la idea. Tanto es así que, en 1881, cuando Ramón Mazparrote solicitó
un solar de 18 x 9 metros en dicha zona para construirse una casa, el
consistorio le dio un "no" rotundo: “Ese terreno está reservado
para el nuevo juego de pelota”.
Proyecto de 1874
Mientras el frontón no se levantaba,
el alcalde Francisco Tanco apretó las tuercas en 1881 y 1882: prohibió
que la gente se juntara en el atrio antes de misa, que hubiera corrillos en las
esquinas desde el toque de ánimas hasta el amanecer y, finalmente, prohibió
también jugar a la pelota en las fachadas del propio ayuntamiento, tanto a
guante como a pala, con el fin de evitar disgustos personales y rompimiento de
ventanas.
¡A la tercera va la vencida!
A principios de 1885, el
maestro de obras Santiago Lacunza presentó un proyecto valorado en 1.335
pesetas, material y cimientos aparte, a cuenta del pueblo. Ante este hecho, el
Ayuntamiento, con el “objeto de que la juventud tenga un punto de distracción y
de este modo, además de ejercitarse en bien físico personal, evitar vicios en
la frecuencia de cafés, tabernas, juegos y demás”, toma el acuerdo ¡por fin! de
construir el juego de pelota en el terreno del Raso, apoyando el rebote en la
capilla de San Bartolomé, puesto que este terreno es más sano y menos costoso,
desechando Las Heleras por ser “más pantanoso y triple costoso”.
Proyecto de 1885 de Santiago Lacunza
El proceso fue interrumpido por
la invasión del cólera (agosto y septiembre) y a finales de año se retomó el
asunto acordando su construcción con Justo Rabinal, un cantero aragonés de
categoría, que años más tarde trabajaría en obras importantes en Zaragoza, como
la Escuela de Artes y Oficios. El importe de la obra fue ajustado en 3.000
reales vellón y 300 vagones de piedra, siendo el coste final de 13.550 reales
vellón, debido a la falta de seguridad del frontis que tuvo que ser reforzado
con una aleta o pared lateral y otros arreglos.
Proyecto definitivo de 1886
El frontón quedó precioso, pero
en 1893, los pelotaris del pueblo (con Nemesio Azagra, Juan Bravo, Justo
Díaz y Claudio Mazparrote a la cabeza, firmando junto a otros 33 mozos) se
quejaron de que el suelo del saque daba pena y pidieron que se enlosara correctamente
con piedra, porque teniendo un "frontis tan hermoso", era una lástima
no poder divertirse en lo que era "el retiro de todo el pueblo".
Frontón masculino vs Educación
femenina
La alegría duró poco. En 1908,
don José Cadena Eleta, obispo de Vitoria, solicitó al Ayuntamiento la
enajenación del terreno (unos 520 metros cuadrados) donde estaba asentado el
frontón para edificar un colegio de enseñanza y casa de monjas. Considerando
que esta obra social reportaba grandes beneficios para el pueblo, el
Ayuntamiento aceptó por unanimidad su cesión gratuita. El colegio fue
inaugurado en 1909, tras poco más de un año de trabajos.
Desmontaron el frontón con mucho
cuidado y se llevaron las piedras a las pozas, en las Heleras,
prometiendo que se levantaría en otro lugar. Pero claro, las palabras se las
lleva el viento. Pasó casi un año y 70 vecinos, inquietos ya, firmaron una
queja recordando que la pelota "es una de las diversiones más honestas que
evita las prohibidas". El consistorio se comprometió a buscar solar
adecuado.
La juventud se empezó a cabrear.
En 1909, Abdón Garde, en representación de varios vecinos, advirtió al
Ayuntamiento: o les hacían el frontón rápido, o les permitían los juegos
prohibidos sin perseguirles, o volverían a jugar en las paredes del ayuntamiento
como antiguamente. Como las cosas de palacio van despacio, en 1910, el
Ayuntamiento seguía mareando la perdiz sobre si construirlo en la era de Domingo
Sagardoy o junto al matadero, en el Arenal. Mientras, el cura vuelve a quejarse
de que los mozos andaban otra vez a pelotazos en la puerta de la iglesia. ¿La
solución municipal? Poner un cartel de prohibido y no resolver el asunto
principal.
Ya en junio de 1911, tras
tres años, el Ayuntamiento ha decidido su emplazamiento. Acuerda un trueque de 220
metros cuadrados con Pedro Sada junto a la carretera de Santacara. Entre el
terreno permutado y lo que aporte el municipio quedará una calle de 6,50 metros de anchura y un juego de pelota con la
pared de 9 metros de ancha y 40 de largo.
El nuevo frontón de la carretera y el lío de la música.
El plano, diseñado por Félix
Hormaeche, fue valorado en 50 pesetas y la obra se la quedó José Egea, de
Beire, por casi 3.000 pesetas. Pero aquí vino la mundial. En agosto de 1912,
al Ayuntamiento, por unanimidad, no se le ocurrió otra idea mejor que quitar la
música de las fiestas de San Ramón para gastar ese dinero en el frontón. Los
jóvenes, con Abdón Garde al frente, se pusieron de uñas y exigieron unas
fiestas con música. El concejal Alfonso Guirao, esposo de Natividad Lucus, les
defendió en el siguiente pleno y, por los pelos (cuatro votos contra tres), se
aprobó que hubiera música y que el frontón se pagara con el dinero que estaba asignado
en los presupuestos municipales, unas 1.400 pesetas y otras tantas, apoquinadas
de su bolsillo por el señor obispo Cadena Eleta, como se había comprometido, para
compensar el derribo del viejo.
¡Por fin! Tras cuatro años sin
frontón, octubre de 1912, las obras habían acabado. Poco tiempo después
se le añadió una pared lateral de mampostería de 20 metros de larga por 3 de
alta para evitar el viento y el peligro de la carretera. La obra fue ejecutada
por José Ayerdi por un importe de unas 300 pesetas.
El frontón no dio juego, más bien
guerra, pues en 1914 amenazaba ruina y, aunque en las fiestas se jugaron
varios partidos, acabaron pagando cierta cantidad para tirarlo parcialmente,
por ser insolvente su constructor Egea, y de este modo evitar que sucediera
alguna desgracia personal. En los años veinte intentaron arreglarlo con el
dinero proveniente, primero de la venta de la viña del campo experimental (finca puesta
en cultivo desde el tiempo de la filoxera y tutelada por Diputación para la
investigación de variedades de cepas), ya que argumentaban estaba perdida debido
a la plaga del piral y, poco después, con la enajenación de un terreno inculto
de diez robadas en Dolomondos; pero la Diputación no dejó vender los comunales.
Por ello, en 1926 el
municipio se gasta unas pesetas para que Nemesio Azagra apañara el frontón
dejándolo bastante aseado. De hecho, cuando en 1936, el alcalde Antonio Cabrero
hace un inventario de los bienes y valores que posee el Ayuntamiento, data su
construcción en esa fecha de forma errónea, señalando que es de mampostería y
el frontis de piedra de sillería, ocupando 350 metros cuadrados y valorado en
5.000 pesetas.
Ampliación del frontón.
En 1945, con la influencia
de José Antonio Elola-Olaso, delegado nacional del Frente de Juventudes, casado
con la pitillesa Josefina Arraiza Goñi, el frontón sufrió una reforma de gran
calado de acuerdo con la institución colaboradora. Fue derribado el frontis y
retranqueado unos cuantos metros, resultando una cancha más larga y un frontis
más alto. Entre los apuntes contables de esta actuación destacan la inscripción
de piedra situada en la parte superior del frontis por valor de 445 pesetas y
el cemento aportado por los hermanos Azagra estimado en 1.560 pesetas. Hubo una
especie de reinauguración el 15 de mayo, trayendo a cinco pelotaris
profesionales que costaron 500 pesetas.
Vista exterior de la pared lateral del
frontón donde se observa la ampliación de 1945
Frontón ampliado en 1945 (foto 2009)
¡En 1951 ya se pagaban 4.000 pesetas a Justo Dufur, pelotari
profesional, natural de Espinal, por dos partidos! En 1967 se disputó la
eliminatoria de segunda categoría entre Esparza y Sanz II, de Pitillas y
Azagra, contra Guindano y Rico, de Esparza de Galar. En fiestas de 1971
se jugaron tres partidos de pelota: en el primero, el
que nos interesa, lo disputaron Esparza e Induráin (de Pitillas) contra Andura
y Erviti (de Larumbe).
Fue
en junio de 2009 cuando se demolió gran parte del frontis y pared lateral,
quedando como actualmente lo conocemos y guardando con cuidado las piedras derribadas
en la escombrera situada en el Canto Barranco.
Frontis
antes de la demolición
El nuevo
frontón cubierto (polideportivo).
Aprovechando
el emplazamiento de las piscinas construidas en 1983 se edificó el nuevo
frontón municipal cubierto inaugurado en las fiestas de 1997 con un
saque de honor del gran Arretxe. Costó la friolera de 27,3 millones de pesetas,
pagado a medias con el Gobierno Foral. La obra quedó finalizada con su cierre
lateral derecho, ofertado en 1999 bajo un precio de licitación de 5.717.127
pesetas.
Desafíos y
apuestas.
Para terminar,
no hay que olvidar a los grandes pelotaris del pueblo que salían en los
periódicos de la época:
- Demetrio Guemberena, "el Pitillés"
(1899). Aunque nacido en Cizur Mayor, se vinculó a Pitillas por
matrimonio con la pitillesa Dámasa Luri Bolea. Jugó un partido durísimo en
Villava donde se cruzó mucho dinero. Dicen las malas lenguas de la prensa
que empezó con fuerza pero que luego jugó "como desganado".
- Evaristo Ayerra y Abdón Garde (1905). Fueron
a las fiestas de Mélida y les ganaron a los de Murillo el Fruto. Los de
Murillo, picados, les desafiaron a la revancha jugándose un mínimo de 500
pesetas (un dineral entonces) en cualquier frontón menos en Pitillas. Los
nuestros aceptaron encantados y propusieron Santacara en fiestas.
Abdón Garde
- El festival del "Sport Pitillés"
(1907). Se organizó un partido tremendo: Abdón Garde, él solo contra
dos, Felipe Pejenaute y Alejandro Sagardoy. Se jugaban 250 pesetas y la
entrada costaba una peseta la galería y 50 céntimos la general. Estuvieron
dándole a la mano desde las cuatro hasta las siete de la tarde con pelotas
finas de “ocho reales” del fabricante Modesto Sainz. Al final,
lógicamente, ganó la pareja porque Abdón acabó reventado, pero el cronista
de la época pidió una revancha porque el frontón se llenó hasta la
bandera.
- Francisco Rodríguez Grocin. Nacido circunstancialmente
en Pitillas en 1924. Hijo de Castor, de Ruyales del Agua (Burgos) y de
Sebastiana, de Dicastillo. Fue referencia destacada en el remonte
aficionado. Con Ángel Lecumberri en la zaga consiguió 16 títulos navarros
y 9 nacionales. Probó el terreno profesional en 14 ocasiones y recibió la
medalla al Mérito Deportivo.
D.
N. Rodríguez Grocin
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