martes, 8 de septiembre de 2026

 

LOS JUEGOS DE PELOTA DE PITILLAS

El primitivo frontón y las primeras prohibiciones.

La afición a la pelota en Pitillas viene de muy atrás, tanto que ya en 1677 el visitador del obispo se pilló un buen rebote. Mandó avisar a los vecinos de que, bajo pena de excomunión (casi nada), estaba prohibido jugar a la pelota mientras se celebraban los oficios religiosos. Y es que el ruido de los pelotazos contra la pared desviaba la atención de los feligreses.

Pasaron los años, y poco antes de la Guerra de la Independencia, un maestro de obras, midiendo un terreno cerca del palacio, solicitado por Gabriel Lucus para construir una vivienda (casa Iriarte-La Casona) manifestó que en aquel lugar se podía edificar porque "no estorbaba ni al camino ni al juego de pelota". Vamos, que el frontón viejo ya estaba allí, junto a la ermita de San Bartolomé.

En 1850, el vicario del pueblo, don Andrés de Carra, estaba tan harto de que se usara el pórtico de la iglesia para jugar a pelota que dejó más de 1.000 reales fuertes en una cláusula de su testamento. ¿Para qué? Para poner en el atrio una verja bien hermosa con su cerrojo y llave y así evitar lo que él llamaba "profanaciones y abusos". La voluntad del párroco no fue cumplida por su propia decisión, ya que se lo pensó mejor y en su quinto y último testamento, dispuso que sus cabezaleros repartiesen parte de su fortuna entre los pobres conocidos de Pitillas y “no a la chusma que en estos casos suele presentarse”, dando a cada uno media peseta por una sola vez el día de la Natividad. El deseo de Carra fue cumplido recientemente por iniciativa del párroco don Pascual Iriarte, quien mandó colocar la verja en el atrio, aunque con fines bien distintos.

En la década de 1870, los alcaldes se pusieron serios. Juan José Esparza y, tres años después, Saturnino Iriarte, publicaron sendos bandos prohibiendo jugar en el atrio, en las plazas y en las calles durante las funciones de la iglesia. Saturnino, además, insistió en la prohibición del uso de las paredes de la iglesia, incluso cuando el templo estuviera cerrado.

Intentos de reconstrucción.

Como el frontón viejo de la ermita de San Bartolomé estaba hecho una ruina, la juventud no se quedó de brazos cruzados. Los mozos del pueblo, con el beneplácito de sus padres, acudieron ante el Ayuntamiento con una idea: construir un juego de pelota nuevo por suscripción popular. Pidieron usar el terreno situado al sur de la ermita. El plan era serio: 52 metros cuadrados de piedra sillar buena y 88 metros cúbicos de mampostería, aprovechando las losas sanas del frontón viejo. Al final, las cuentas no salieron y la cosa se quedó en agua de borrajas.

En 1874, otros dos vecinos, Luis Marticorena y Pedro Zabalza, lo intentaron de nuevo presentando unos planos y su presupuesto de 1.495 reales, con una fachada de 8 x 7 metros y su pared rematada "a lomo de gato" (redondeada para que el agua resbalara y no entrase en la pared). Tampoco cuajó. Pero el Ayuntamiento se guardó la idea. Tanto es así que, en 1881, cuando Ramón Mazparrote solicitó un solar de 18 x 9 metros en dicha zona para construirse una casa, el consistorio le dio un "no" rotundo: “Ese terreno está reservado para el nuevo juego de pelota”.

Proyecto de 1874

Mientras el frontón no se levantaba, el alcalde Francisco Tanco apretó las tuercas en 1881 y 1882: prohibió que la gente se juntara en el atrio antes de misa, que hubiera corrillos en las esquinas desde el toque de ánimas hasta el amanecer y, finalmente, prohibió también jugar a la pelota en las fachadas del propio ayuntamiento, tanto a guante como a pala, con el fin de evitar disgustos personales y rompimiento de ventanas.

¡A la tercera va la vencida!

A principios de 1885, el maestro de obras Santiago Lacunza presentó un proyecto valorado en 1.335 pesetas, material y cimientos aparte, a cuenta del pueblo. Ante este hecho, el Ayuntamiento, con el “objeto de que la juventud tenga un punto de distracción y de este modo, además de ejercitarse en bien físico personal, evitar vicios en la frecuencia de cafés, tabernas, juegos y demás”, toma el acuerdo ¡por fin! de construir el juego de pelota en el terreno del Raso, apoyando el rebote en la capilla de San Bartolomé, puesto que este terreno es más sano y menos costoso, desechando Las Heleras por ser “más pantanoso y triple costoso”.

Proyecto de 1885 de Santiago Lacunza

El proceso fue interrumpido por la invasión del cólera (agosto y septiembre) y a finales de año se retomó el asunto acordando su construcción con Justo Rabinal, un cantero aragonés de categoría, que años más tarde trabajaría en obras importantes en Zaragoza, como la Escuela de Artes y Oficios. El importe de la obra fue ajustado en 3.000 reales vellón y 300 vagones de piedra, siendo el coste final de 13.550 reales vellón, debido a la falta de seguridad del frontis que tuvo que ser reforzado con una aleta o pared lateral y otros arreglos.

Proyecto definitivo de 1886

El frontón quedó precioso, pero en 1893, los pelotaris del pueblo (con Nemesio Azagra, Juan Bravo, Justo Díaz y Claudio Mazparrote a la cabeza, firmando junto a otros 33 mozos) se quejaron de que el suelo del saque daba pena y pidieron que se enlosara correctamente con piedra, porque teniendo un "frontis tan hermoso", era una lástima no poder divertirse en lo que era "el retiro de todo el pueblo".

Frontón masculino vs Educación femenina

La alegría duró poco. En 1908, don José Cadena Eleta, obispo de Vitoria, solicitó al Ayuntamiento la enajenación del terreno (unos 520 metros cuadrados) donde estaba asentado el frontón para edificar un colegio de enseñanza y casa de monjas. Considerando que esta obra social reportaba grandes beneficios para el pueblo, el Ayuntamiento aceptó por unanimidad su cesión gratuita. El colegio fue inaugurado en 1909, tras poco más de un año de trabajos.

Desmontaron el frontón con mucho cuidado y se llevaron las piedras a las pozas, en las Heleras, prometiendo que se levantaría en otro lugar. Pero claro, las palabras se las lleva el viento. Pasó casi un año y 70 vecinos, inquietos ya, firmaron una queja recordando que la pelota "es una de las diversiones más honestas que evita las prohibidas". El consistorio se comprometió a buscar solar adecuado.

La juventud se empezó a cabrear. En 1909, Abdón Garde, en representación de varios vecinos, advirtió al Ayuntamiento: o les hacían el frontón rápido, o les permitían los juegos prohibidos sin perseguirles, o volverían a jugar en las paredes del ayuntamiento como antiguamente. Como las cosas de palacio van despacio, en 1910, el Ayuntamiento seguía mareando la perdiz sobre si construirlo en la era de Domingo Sagardoy o junto al matadero, en el Arenal. Mientras, el cura vuelve a quejarse de que los mozos andaban otra vez a pelotazos en la puerta de la iglesia. ¿La solución municipal? Poner un cartel de prohibido y no resolver el asunto principal.

Ya en junio de 1911, tras tres años, el Ayuntamiento ha decidido su emplazamiento. Acuerda un trueque de 220 metros cuadrados con Pedro Sada junto a la carretera de Santacara. Entre el terreno permutado y lo que aporte el municipio quedará una calle de 6,50 metros de anchura y un juego de pelota con la pared de 9 metros de ancha y 40 de largo.

El nuevo frontón de la carretera y el lío de la música.

El plano, diseñado por Félix Hormaeche, fue valorado en 50 pesetas y la obra se la quedó José Egea, de Beire, por casi 3.000 pesetas. Pero aquí vino la mundial. En agosto de 1912, al Ayuntamiento, por unanimidad, no se le ocurrió otra idea mejor que quitar la música de las fiestas de San Ramón para gastar ese dinero en el frontón. Los jóvenes, con Abdón Garde al frente, se pusieron de uñas y exigieron unas fiestas con música. El concejal Alfonso Guirao, esposo de Natividad Lucus, les defendió en el siguiente pleno y, por los pelos (cuatro votos contra tres), se aprobó que hubiera música y que el frontón se pagara con el dinero que estaba asignado en los presupuestos municipales, unas 1.400 pesetas y otras tantas, apoquinadas de su bolsillo por el señor obispo Cadena Eleta, como se había comprometido, para compensar el derribo del viejo.

¡Por fin! Tras cuatro años sin frontón, octubre de 1912, las obras habían acabado. Poco tiempo después se le añadió una pared lateral de mampostería de 20 metros de larga por 3 de alta para evitar el viento y el peligro de la carretera. La obra fue ejecutada por José Ayerdi por un importe de unas 300 pesetas.

El frontón no dio juego, más bien guerra, pues en 1914 amenazaba ruina y, aunque en las fiestas se jugaron varios partidos, acabaron pagando cierta cantidad para tirarlo parcialmente, por ser insolvente su constructor Egea, y de este modo evitar que sucediera alguna desgracia personal. En los años veinte intentaron arreglarlo con el dinero proveniente, primero de la venta de la viña del campo experimental (finca puesta en cultivo desde el tiempo de la filoxera y tutelada por Diputación para la investigación de variedades de cepas), ya que argumentaban estaba perdida debido a la plaga del piral y, poco después, con la enajenación de un terreno inculto de diez robadas en Dolomondos; pero la Diputación no dejó vender los comunales.

Por ello, en 1926 el municipio se gasta unas pesetas para que Nemesio Azagra apañara el frontón dejándolo bastante aseado. De hecho, cuando en 1936, el alcalde Antonio Cabrero hace un inventario de los bienes y valores que posee el Ayuntamiento, data su construcción en esa fecha de forma errónea, señalando que es de mampostería y el frontis de piedra de sillería, ocupando 350 metros cuadrados y valorado en 5.000 pesetas.

Ampliación del frontón.

En 1945, con la influencia de José Antonio Elola-Olaso, delegado nacional del Frente de Juventudes, casado con la pitillesa Josefina Arraiza Goñi, el frontón sufrió una reforma de gran calado de acuerdo con la institución colaboradora. Fue derribado el frontis y retranqueado unos cuantos metros, resultando una cancha más larga y un frontis más alto. Entre los apuntes contables de esta actuación destacan la inscripción de piedra situada en la parte superior del frontis por valor de 445 pesetas y el cemento aportado por los hermanos Azagra estimado en 1.560 pesetas. Hubo una especie de reinauguración el 15 de mayo, trayendo a cinco pelotaris profesionales que costaron 500 pesetas.

Vista exterior de la pared lateral del frontón donde se observa la ampliación de 1945

Frontón ampliado en 1945 (foto 2009)

¡En 1951 ya se pagaban 4.000 pesetas a Justo Dufur, pelotari profesional, natural de Espinal, por dos partidos! En 1967 se disputó la eliminatoria de segunda categoría entre Esparza y Sanz II, de Pitillas y Azagra, contra Guindano y Rico, de Esparza de Galar. En fiestas de 1971 se jugaron tres partidos de pelota: en el primero, el que nos interesa, lo disputaron Esparza e Induráin (de Pitillas) contra Andura y Erviti (de Larumbe).

Fue en junio de 2009 cuando se demolió gran parte del frontis y pared lateral, quedando como actualmente lo conocemos y guardando con cuidado las piedras derribadas en la escombrera situada en el Canto Barranco.

Frontis antes de la demolición

El nuevo frontón cubierto (polideportivo).

Aprovechando el emplazamiento de las piscinas construidas en 1983 se edificó el nuevo frontón municipal cubierto inaugurado en las fiestas de 1997 con un saque de honor del gran Arretxe. Costó la friolera de 27,3 millones de pesetas, pagado a medias con el Gobierno Foral. La obra quedó finalizada con su cierre lateral derecho, ofertado en 1999 bajo un precio de licitación de 5.717.127 pesetas.

Desafíos y apuestas.

Para terminar, no hay que olvidar a los grandes pelotaris del pueblo que salían en los periódicos de la época:

  • Demetrio Guemberena, "el Pitillés" (1899). Aunque nacido en Cizur Mayor, se vinculó a Pitillas por matrimonio con la pitillesa Dámasa Luri Bolea. Jugó un partido durísimo en Villava donde se cruzó mucho dinero. Dicen las malas lenguas de la prensa que empezó con fuerza pero que luego jugó "como desganado". 
  • Evaristo Ayerra y Abdón Garde (1905). Fueron a las fiestas de Mélida y les ganaron a los de Murillo el Fruto. Los de Murillo, picados, les desafiaron a la revancha jugándose un mínimo de 500 pesetas (un dineral entonces) en cualquier frontón menos en Pitillas. Los nuestros aceptaron encantados y propusieron Santacara en fiestas.

Abdón Garde

  • El festival del "Sport Pitillés" (1907). Se organizó un partido tremendo: Abdón Garde, él solo contra dos, Felipe Pejenaute y Alejandro Sagardoy. Se jugaban 250 pesetas y la entrada costaba una peseta la galería y 50 céntimos la general. Estuvieron dándole a la mano desde las cuatro hasta las siete de la tarde con pelotas finas de “ocho reales” del fabricante Modesto Sainz. Al final, lógicamente, ganó la pareja porque Abdón acabó reventado, pero el cronista de la época pidió una revancha porque el frontón se llenó hasta la bandera.
  • Francisco Rodríguez Grocin. Nacido circunstancialmente en Pitillas en 1924. Hijo de Castor, de Ruyales del Agua (Burgos) y de Sebastiana, de Dicastillo. Fue referencia destacada en el remonte aficionado. Con Ángel Lecumberri en la zaga consiguió 16 títulos navarros y 9 nacionales. Probó el terreno profesional en 14 ocasiones y recibió la medalla al Mérito Deportivo.

D. N. Rodríguez Grocin


miércoles, 3 de junio de 2026

 SOBRE LA PRESENCIA DE CARLISTAS EN UJUÉ EN LA CELEBRACIÓN DEL MILENARIO

Dicen que en la frontera tienen los carlistas 40.000 uniformes.

Y en Tafalla, en una romería o peregrinación que se está celebrando desde 1º de mayo en la villa de Ujué, pasaron por allí, con estandarte correspondiente, seis pueblos de los alrededores de Puente la Reina, todos ellos muy carlistas, y entraron, entre otros muchos más, como unos 120 de a caballo, llevando a la cabeza sus curas, en correcta formación, con su servicio de retaguardia, y con todos los minuciosos detalles, como si estuvieran ya en campaña.

Estos pueblos están en los ensayos del drama y después harán el ensayo general.

Con uniforme.

La Coalición. Diario republicano. Sábado, 29 de mayo de 1886

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La Discusión. Diario federal. Martes 8 de junio de 1886

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Sobre la mascarada carcacatólica de Ujué, recibo con bastante retraso este telegrama:

“Procesión Tafalla, alcalde finchado por entregar estandarte pagado fondos públicos. Coche hermano alcalde, atropella mujer pueblo.

Romerías pueblos carlista organización; descubierta, curas al frente, caballería vanguardia, amas coches centro, sección retaguardia.

Curas jinetes, tontos descalzos cargados cruz, salvajes cantos, frailes sucios, bandera negra, vivas a virgen, filoxera cura Artariain.

Pitillas grajo, aconseja liberales combatir; jesuita Artola idem per idem. Inmun dicia, baba, sueltan mucha.

Milagrosa parte. Mujer cae macho, dientes y muelas pierde, marido rómpese pata.

Paralítico Beire camilla va, peor regresa.

Ciego pide a voces vuélvale virgen vista, curas tápanle boca; sin guipar sale.

Iglesia asfíxianse mujeres dos; primera, unción recibe”.

¿Qué importa todo esto, ni las borracheras y ultrajes a la moral propios de todas las romerías, si los carlistas consiguieron su objeto, que fue el de reunirse, contarse y concertarse, para ocupar cada uno su puesto cuando suene el cuerno bélico del vendedor de toisones y seductor de prostitutas?

Tremenda responsabilidad debemos exigir en su día a los que están consintiendo estas manifestaciones carlistas, en que se conspira contra la honra y la vida de los liberales, y se fragua la ruina de la patria.

No se mostrarían los partidarios de ese imbécil pretendiente tan animados si los gobiernos de la restauración cumplieran con su deber.

El Motín. Periódico satírico semanal. Miércoles, 17 de junio de 1886

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martes, 9 de septiembre de 2025

 LA CAPILLA DEL MARQUES DE CORTES EN LA IGLESIA DE SAN PEDRO DE 

PITILLAS


Año nuevo de 1606. Hacía poco tiempo que se había inaugurado el cuerpo de la “nueva” iglesia delimitada externamente por un friso con moldura cóncava, se estaba terminando de montar la nueva portalada y el coro y, solamente quedaba por dilucidar el emplazamiento y construcción de la torre.

En esta situación, el marqués de Cortes, don Miguel de Navarra Mauleón, bajo el argumento de una incomodidad física debida a la estrechez del espacio existente en la capilla colateral de la parte del evangelio, donde establecía su tribuna y asientos para su familia en los actos religiosos, propone al señor obispo de Pamplona, Fray Mateo de Burgos, construir una capilla adjunta a la iglesia. Para ello plantea intervenir en la pared que va desde la grada hasta la testera, abriendo dos arcos, uno en el tramo que va desde el escalón al estribo que está en medio del muro, y otro, en el trecho que sale desde el estribo hasta el frontis. Finalmente, para cerrar el espacio, levantar dos paredes en el hueco que hay para afuera. Añade que todo el gasto que se hubiera de invertir en la fábrica lo haría a su costa y además daría a la iglesia parroquial, para su primicia y fábrica, 200 ducados.

Catálogo monumental de la Merindad de Olite

La incomodidad, verdaderamente debía ser mental. Su objetivo era habilitar un espacio aislado para uso personal en la asistencia a los actos religiosos, acercarse al celebrante para recibir con más fuerza la gracia divina y utilizar el espacio para sepultura de familiares. En realidad, no quería mezclarse con el pueblo llano, pues se supone que la nueva iglesia sería mayor que la anterior. Además, con la obra pretendería mostrar su poder ante el pueblo con el que aquellos años dilucidaba la posesión de las tierras pecheras, de las que finalmente se adueñó.

El señor obispo, tras una visita ocular, considera justa la petición y no viniendo ningún perjuicio a la iglesia, antes bien provecho, pues quedará más adornada, le da licencia y facultad para su construcción. Previamente se realizará un reconocimiento de la pared afectada por medio de maestros canteros, al cual se hallarán presentes el vicario, los primicieros y el alcalde de la villa. Una vez realizada la declaración de no tener efectos negativos la abertura de los arcos, se pueda levantar la capilla. Y como última condición señala que los 200 ducados se pondrán a plazo en parte segura, sin que su principal se gaste, sino solamente el rédito, de modo que cuando la capilla tuviere necesidad de algún reparo se haga con los intereses que produzca, y lo que sobrare de ellos, los goce la iglesia.

El marqués, haciendo ostentación de la licencia concedida y para cumplir con lo ordenado en ella, como es nombrar maestros canteros para el reconocimiento de la pared, se reúne con Antón Martínez, alcalde, y Pedro Sarría, primiciero de la iglesia parroquial, faltando a su otorgamiento el vicario, Pedro de Abaurrea, por estar enfermo en cama. De común acuerdo y conformidad, nombran a Pedro Laval, Miguel de Echeberría y Domingo de Elberdín, maestros canteros que residen en las villas de Olite, Úcar y Tiebas.

Estos, bajo juramento ante el escribano, tras un reconocimiento exhaustivo, declaran que las paredes y estribos de la iglesia no tendrán detrimento ni perjuicio y que se pueden practicar las aberturas que contiene la licencia, con la condición de que hayan de quedar los estribos sanos y enteros, sin tocarse en ellos cosa alguna.

Días más tarde, se reúnen en la casa y palacio de Pitillas el marqués y Antón Martínez, alcalde, Domingo Aldave, Pascual Salvador, Simón Francés y Miguel Thomás, jurados. El marqués les requiere permiso para poner en ejecución la licencia de obra. El regimiento, para curarse en salud, le exponen que antes pretenden juntar concejo, con el fin de tratar en él si podría traer algún inconveniente o perjuicio la ejecución de la obra, y para que, si se edificaba, fuese con voluntad de todos los vecinos y concejo de la villa.

Juntado el concejo, acuerdan remitir la licencia al titulado Otegui, abogado y letrado pensionado de la villa, para que viese el contenido y diese su parecer. Según dicho letrado, no había inconveniente ninguno, precedidos los requisitos ya efectuados, excepto la última parte de la licencia en la que se expresa que si la capilla, después de acabada, tuviere necesidad de algún reparo, se ejecutase con el rédito de los 200 ducados y lo que sobrare de ellos, los gozase la iglesia. De este proceder, según el licenciado, el marqués no daba nada, pues se podían invertir el total de los intereses anuales en el arreglo de su capilla, no quedando nada en beneficio del resto de la iglesia. Por el contrario, había que acordar con el marqués el que quedase obligado a reparar la capilla con sus bienes y rentas, destinando los réditos en la fábrica de la iglesia. El marqués, por complacer a la villa y vecinos de ella, aceptó la propuesta sin dilación.

El 18 de marzo de 1606, en la casa y palacio de Pitillas, el marqués de Cortes expresó su propósito de construir una capilla con su remate de cornisa, y para ello tenía licencia del señor obispo y otorgada escritura con la villa, alcalde y jurados de ella, cuyos cimientos de la capilla están recibidos y asentados. Debía ser levantada a la altura que está la sacristía de la iglesia, de piedra labrada de sillería y en la pared de la capilla que se arrima al altar, se había de situar una ventana de una vara (0’785 m.) de larga y una tercia de ancha. Y acabadas las paredes se debían abrir un arco y una ventana en la pared del altar, del lado del evangelio (hasta ahora se hablaba de dos arcos). Estando allí presente Miguel de Celaia, cantero, vecino de Vera, dijo que él se encargaba de edificar la capilla, acabándola para el día del señor Santiago de este presente año y poniendo todo lo necesario de piedra, cal y demás materiales y maniobreros. Por su parte, el marqués ofreció darle 50 ducados en cuanto comenzase a trabajar, otros 50 ducados una vez que la levantara hasta su mitad y lo restante, como fin de pago, lo que montare la cuenta que se sacará una vez acabadas las paredes de la capilla, contando a razón de 10 ducados la brazada (aproximadamente 4 m2), y lo que importare el abrir el arco y la ventana, según el tiempo que en ello se ocupare, mereciere y declararen dos maestros canteros nombrados de conformidad por ambas partes. 

Firmas del marqués y del cantero en el contrato de la obra

El día de San Andrés, último del mes de noviembre de 1606 fue estimada la obra de cantería de la capilla del marqués construida y acabada por Miguel de Celaia. No sabemos la cantidad pagada por el marqués.

 

El 27 de junio de 1613, el fiscal del Obispado de Pamplona denuncia que le ha llegado la noticia de que hace 7 años que los primicieros de Pitillas debían haber cobrado del señor marqués de Cortes 200 ducados para beneficio de la fábrica de la iglesia a consecuencia de la capilla que edificó en ella y se comprometió a entregar. Y por no haberlos exigido y puesto a censo en 7 años que han transcurrido, está defraudada la iglesia en 84 ducados, por falta y culpa de los primicieros.

Se manda, pena de excomunión, que los primicieros hagan fe de las diligencias que han practicado en la cobranza de los 200 ducados, o si tuviesen causas justas para no cumplir con ello, se presenten a juicio a alegarlas ante el vicario general del Obispado, bien en persona o mediante procurador.

El 4 de julio de 1613, Gabriel de Oteiza, procurador de Juan Aldave, primiciero actual, se presenta ante el vicario general del Obispado, declarando que siendo cierto lo relatado, por llevar Aldave poco tiempo ejerciendo el cargo, no más de seis meses, y que tampoco los primicieros que antes lo han sido han cobrado los 200 ducados ni parte alguna de ellos, pues todos han disimulado, entendiendo que el marqués, cumpliendo su obligación, los hubiera pagado antes de ahora, solicita se le exonere a su representado de la denuncia y pide se acuse de ello al marqués, que es el autor de la deuda.

Pocos días después, Gabriel de Oteiza, acude nuevamente ante el provisor general del Obispado proponiendo un plan. Relata que, en la fábrica de la iglesia, hace varios años, se había comenzado una obra nueva (la torre) y no se puede proseguir en ella por estar la iglesia muy endeudada y por ello no puede cumplir con la obligación que tiene dada al cantero de proporcionarle 100 ducados cada año. Viendo el notable daño que se causa a la iglesia al quedar la obra paralizada, pues el cantero no quiere poner mano en ella por debérsele más de 600 ducados de plazos corridos, han tratado con el marqués de Cortes para que aporte directamente al cantero los 200 ducados y sus réditos, quien se ha comprometido a efectuar luego el desembolso y, a su vez, el cantero se obligará a acabar la obra en mucho menos tiempo.

Para justificar la incapacidad de pago de la iglesia al cantero, certifican que, en el año pasado y su trienio, estuvo arrendada la primicia en 51 ducados en dinero y 30 robos de trigo anuales que se dan de sueldo al sacristán, y en el presente trienio en la suma de 94 ducados y 30 robos de trigo para el sacristán, y con dicha cantidad, apenas se cubren los gastos ordinarios de reparos que tiene la iglesia.

El fiscal del Obispado se aviene a lo propuesto por los primicieros atento a que parece que el marqués quiere aportar los 200 ducados e intereses y el cantero se allana a volver a trabajar una vez los reciba. Por ello propone se les dé licencia a los primicieros para que se realice el plan formulado; pues, de esta manera, se solucionarán dos problemas, se cobrará el dinero del señor marqués y se podrá finalizar la obra. Eso sí, siempre que los vecinos se allanen a ello y con la condición obligatoria de devolver y poner a censo otros 200 ducados provenientes de la primicia a fin de compensar el adelanto que se le hace.

El vicario general, de acuerdo con lo relatado por el fiscal, concede licencia y permiso para efectuar el pago al cantero y que de todo esto y de la carta de pago que diere el cantero en favor de la iglesia, se ponga una copia en el libro de visitas, para que les conste a los inspectores y se den las cuentas de la iglesia conforme a ella.

 

En 1737 se plantea un pleito, de los marqueses de Cortes contra el alcalde, regidores, vecinos y concejo de Pitillas. Dicen los demandantes que, perteneciente a su marquesado gozan en la villa de Pitillas de un palacio y en su parroquial poseen altar y capilla con asientos y sepulcro privativo, al cual, según costumbre, se lleva todos los años cera y ofrenda de dos robos de trigo los días de Todos los Santos y Ánimas; y para poner y sacar la cera, siempre han ido las criadas del palacio por medio de la iglesia, sin que lo hayan impedido el alcalde, regidores, vecinos y concejo hasta que el día de Ánimas del año pasado de 1736, yendo con la cera una hija de Pedro Barásoain, administrador del palacio, halló la novedad de que no podía pasar a la capilla por el paraje acostumbrado, porque de orden de la villa o  del alcalde se había atravesado un banco, en el cual se sentaron el alcalde y regidores, dejando libre el que en realidad les corresponde, por lo que dicha mujer hubo de ir por detrás. Pasado dicho día se quitó el banco de marras; en cuyas circunstancias no se puede consentir se haga novedad. No continuó el pleito.

 

Cincuenta años más tarde, en 1787, es el patronato de la iglesia de Pitillas y el duque de Granada quienes para dilucidar de quién es la capilla con su arco o portalada y reja de madera, a la mano izquierda del altar mayor, comprometen el asunto a dos licenciados de los Tribunales Reales y un tercero en caso de discordia. Ambas partes pretenden ser sus dueños. El patronato de la iglesia expone ser suya propia, aunque “algunos ignorantes llaman la capilla del duque de Granada, porque en ella dicen está enterrado un ascendiente suyo” (anotar que Leonor Navarra Mauleón murió en 1611 en Pitillas). No sabemos su resolución.

 

En 1877 se formaliza una escritura inventariando los bienes que el duque de Granada y Ega tiene en Pitillas y, aunque no se inscribe entre ellos la capilla de la iglesia, por falta de título anterior de inscripción, se describe como situada en el lado del evangelio, su puerta es verja de hierros, tiene una ventana de un metro cuadrado que da al altar mayor y sus medidas, por la parte más larga es de 23 pies (261,67 mm.) aproximadamente y por la más ancha 22 pies. (En total unos 34 m2)

 

Finalmente, en 1913, el párroco Emilio Arbeloa, escribe que las 2.500 pesetas que el señor arzobispo don José Cadena Eleta obtuvo de una testamentaria para la parroquia de Pitillas, las gastó en obras realizadas en la capilla del duque (no especifica cuáles), telas diversas para ornamentos y otros elementos de culto; y en agradecimiento por ello, hizo bordar en el palio nuevo el escudo de armas del arzobispo.

No sabemos cuándo se abrió la puerta por la que actualmente se entra a la capilla directamente desde el exterior, la ocultación del arco y ventana, ni la obra del cielo raso, ahora retirado.

* Primicia: contribución del pueblo cristiano al mantenimiento y obras de la iglesia; habitualmente se pagaba de 40 partes una. Normalmente se arrendaba el derecho de cobro mediante subasta, por tres años, calculando uno estéril y dos fértiles. Administraban estos bienes y daban sus cuentas dos primicieros, uno eclesiástico y otro seglar.