martes, 8 de septiembre de 2026

 

LOS JUEGOS DE PELOTA DE PITILLAS

El primitivo frontón y las primeras prohibiciones.

La afición a la pelota en Pitillas viene de muy atrás, tanto que ya en 1677 el visitador del obispo se pilló un buen rebote. Mandó avisar a los vecinos de que, bajo pena de excomunión (casi nada), estaba prohibido jugar a la pelota mientras se celebraban los oficios religiosos. Y es que el ruido de los pelotazos contra la pared desviaba la atención de los feligreses.

Pasaron los años, y poco antes de la Guerra de la Independencia, un maestro de obras, midiendo un terreno cerca del palacio, solicitado por Gabriel Lucus para construir una vivienda (casa Iriarte-La Casona) manifestó que en aquel lugar se podía edificar porque "no estorbaba ni al camino ni al juego de pelota". Vamos, que el frontón viejo ya estaba allí, junto a la ermita de San Bartolomé.

En 1850, el vicario del pueblo, don Andrés de Carra, estaba tan harto de que se usara el pórtico de la iglesia para jugar a pelota que dejó más de 1.000 reales fuertes en una cláusula de su testamento. ¿Para qué? Para poner en el atrio una verja bien hermosa con su cerrojo y llave y así evitar lo que él llamaba "profanaciones y abusos". La voluntad del párroco no fue cumplida por su propia decisión, ya que se lo pensó mejor y en su quinto y último testamento, dispuso que sus cabezaleros repartiesen parte de su fortuna entre los pobres conocidos de Pitillas y “no a la chusma que en estos casos suele presentarse”, dando a cada uno media peseta por una sola vez el día de la Natividad. El deseo de Carra fue cumplido recientemente por iniciativa del párroco don Pascual Iriarte, quien mandó colocar la verja en el atrio, aunque con fines bien distintos.

En la década de 1870, los alcaldes se pusieron serios. Juan José Esparza y, tres años después, Saturnino Iriarte, publicaron sendos bandos prohibiendo jugar en el atrio, en las plazas y en las calles durante las funciones de la iglesia. Saturnino, además, insistió en la prohibición del uso de las paredes de la iglesia, incluso cuando el templo estuviera cerrado.

Intentos de reconstrucción.

Como el frontón viejo de la ermita de San Bartolomé estaba hecho una ruina, la juventud no se quedó de brazos cruzados. Los mozos del pueblo, con el beneplácito de sus padres, acudieron ante el Ayuntamiento con una idea: construir un juego de pelota nuevo por suscripción popular. Pidieron usar el terreno situado al sur de la ermita. El plan era serio: 52 metros cuadrados de piedra sillar buena y 88 metros cúbicos de mampostería, aprovechando las losas sanas del frontón viejo. Al final, las cuentas no salieron y la cosa se quedó en agua de borrajas.

En 1874, otros dos vecinos, Luis Marticorena y Pedro Zabalza, lo intentaron de nuevo presentando unos planos y su presupuesto de 1.495 reales, con una fachada de 8 x 7 metros y su pared rematada "a lomo de gato" (redondeada para que el agua resbalara y no entrase en la pared). Tampoco cuajó. Pero el Ayuntamiento se guardó la idea. Tanto es así que, en 1881, cuando Ramón Mazparrote solicitó un solar de 18 x 9 metros en dicha zona para construirse una casa, el consistorio le dio un "no" rotundo: “Ese terreno está reservado para el nuevo juego de pelota”.

Proyecto de 1874

Mientras el frontón no se levantaba, el alcalde Francisco Tanco apretó las tuercas en 1881 y 1882: prohibió que la gente se juntara en el atrio antes de misa, que hubiera corrillos en las esquinas desde el toque de ánimas hasta el amanecer y, finalmente, prohibió también jugar a la pelota en las fachadas del propio ayuntamiento, tanto a guante como a pala, con el fin de evitar disgustos personales y rompimiento de ventanas.

¡A la tercera va la vencida!

A principios de 1885, el maestro de obras Santiago Lacunza presentó un proyecto valorado en 1.335 pesetas, material y cimientos aparte, a cuenta del pueblo. Ante este hecho, el Ayuntamiento, con el “objeto de que la juventud tenga un punto de distracción y de este modo, además de ejercitarse en bien físico personal, evitar vicios en la frecuencia de cafés, tabernas, juegos y demás”, toma el acuerdo ¡por fin! de construir el juego de pelota en el terreno del Raso, apoyando el rebote en la capilla de San Bartolomé, puesto que este terreno es más sano y menos costoso, desechando Las Heleras por ser “más pantanoso y triple costoso”.

Proyecto de 1885 de Santiago Lacunza

El proceso fue interrumpido por la invasión del cólera (agosto y septiembre) y a finales de año se retomó el asunto acordando su construcción con Justo Rabinal, un cantero aragonés de categoría, que años más tarde trabajaría en obras importantes en Zaragoza, como la Escuela de Artes y Oficios. El importe de la obra fue ajustado en 3.000 reales vellón y 300 vagones de piedra, siendo el coste final de 13.550 reales vellón, debido a la falta de seguridad del frontis que tuvo que ser reforzado con una aleta o pared lateral y otros arreglos.

Proyecto definitivo de 1886

El frontón quedó precioso, pero en 1893, los pelotaris del pueblo (con Nemesio Azagra, Juan Bravo, Justo Díaz y Claudio Mazparrote a la cabeza, firmando junto a otros 33 mozos) se quejaron de que el suelo del saque daba pena y pidieron que se enlosara correctamente con piedra, porque teniendo un "frontis tan hermoso", era una lástima no poder divertirse en lo que era "el retiro de todo el pueblo".

Frontón masculino vs Educación femenina

La alegría duró poco. En 1908, don José Cadena Eleta, obispo de Vitoria, solicitó al Ayuntamiento la enajenación del terreno (unos 520 metros cuadrados) donde estaba asentado el frontón para edificar un colegio de enseñanza y casa de monjas. Considerando que esta obra social reportaba grandes beneficios para el pueblo, el Ayuntamiento aceptó por unanimidad su cesión gratuita. El colegio fue inaugurado en 1909, tras poco más de un año de trabajos.

Desmontaron el frontón con mucho cuidado y se llevaron las piedras a las pozas, en las Heleras, prometiendo que se levantaría en otro lugar. Pero claro, las palabras se las lleva el viento. Pasó casi un año y 70 vecinos, inquietos ya, firmaron una queja recordando que la pelota "es una de las diversiones más honestas que evita las prohibidas". El consistorio se comprometió a buscar solar adecuado.

La juventud se empezó a cabrear. En 1909, Abdón Garde, en representación de varios vecinos, advirtió al Ayuntamiento: o les hacían el frontón rápido, o les permitían los juegos prohibidos sin perseguirles, o volverían a jugar en las paredes del ayuntamiento como antiguamente. Como las cosas de palacio van despacio, en 1910, el Ayuntamiento seguía mareando la perdiz sobre si construirlo en la era de Domingo Sagardoy o junto al matadero, en el Arenal. Mientras, el cura vuelve a quejarse de que los mozos andaban otra vez a pelotazos en la puerta de la iglesia. ¿La solución municipal? Poner un cartel de prohibido y no resolver el asunto principal.

Ya en junio de 1911, tras tres años, el Ayuntamiento ha decidido su emplazamiento. Acuerda un trueque de 220 metros cuadrados con Pedro Sada junto a la carretera de Santacara. Entre el terreno permutado y lo que aporte el municipio quedará una calle de 6,50 metros de anchura y un juego de pelota con la pared de 9 metros de ancha y 40 de largo.

El nuevo frontón de la carretera y el lío de la música.

El plano, diseñado por Félix Hormaeche, fue valorado en 50 pesetas y la obra se la quedó José Egea, de Beire, por casi 3.000 pesetas. Pero aquí vino la mundial. En agosto de 1912, al Ayuntamiento, por unanimidad, no se le ocurrió otra idea mejor que quitar la música de las fiestas de San Ramón para gastar ese dinero en el frontón. Los jóvenes, con Abdón Garde al frente, se pusieron de uñas y exigieron unas fiestas con música. El concejal Alfonso Guirao, esposo de Natividad Lucus, les defendió en el siguiente pleno y, por los pelos (cuatro votos contra tres), se aprobó que hubiera música y que el frontón se pagara con el dinero que estaba asignado en los presupuestos municipales, unas 1.400 pesetas y otras tantas, apoquinadas de su bolsillo por el señor obispo Cadena Eleta, como se había comprometido, para compensar el derribo del viejo.

¡Por fin! Tras cuatro años sin frontón, octubre de 1912, las obras habían acabado. Poco tiempo después se le añadió una pared lateral de mampostería de 20 metros de larga por 3 de alta para evitar el viento y el peligro de la carretera. La obra fue ejecutada por José Ayerdi por un importe de unas 300 pesetas.

El frontón no dio juego, más bien guerra, pues en 1914 amenazaba ruina y, aunque en las fiestas se jugaron varios partidos, acabaron pagando cierta cantidad para tirarlo parcialmente, por ser insolvente su constructor Egea, y de este modo evitar que sucediera alguna desgracia personal. En los años veinte intentaron arreglarlo con el dinero proveniente, primero de la venta de la viña del campo experimental (finca puesta en cultivo desde el tiempo de la filoxera y tutelada por Diputación para la investigación de variedades de cepas), ya que argumentaban estaba perdida debido a la plaga del piral y, poco después, con la enajenación de un terreno inculto de diez robadas en Dolomondos; pero la Diputación no dejó vender los comunales.

Por ello, en 1926 el municipio se gasta unas pesetas para que Nemesio Azagra apañara el frontón dejándolo bastante aseado. De hecho, cuando en 1936, el alcalde Antonio Cabrero hace un inventario de los bienes y valores que posee el Ayuntamiento, data su construcción en esa fecha de forma errónea, señalando que es de mampostería y el frontis de piedra de sillería, ocupando 350 metros cuadrados y valorado en 5.000 pesetas.

Ampliación del frontón.

En 1945, con la influencia de José Antonio Elola-Olaso, delegado nacional del Frente de Juventudes, casado con la pitillesa Josefina Arraiza Goñi, el frontón sufrió una reforma de gran calado de acuerdo con la institución colaboradora. Fue derribado el frontis y retranqueado unos cuantos metros, resultando una cancha más larga y un frontis más alto. Entre los apuntes contables de esta actuación destacan la inscripción de piedra situada en la parte superior del frontis por valor de 445 pesetas y el cemento aportado por los hermanos Azagra estimado en 1.560 pesetas. Hubo una especie de reinauguración el 15 de mayo, trayendo a cinco pelotaris profesionales que costaron 500 pesetas.

Vista exterior de la pared lateral del frontón donde se observa la ampliación de 1945

Frontón ampliado en 1945 (foto 2009)

¡En 1951 ya se pagaban 4.000 pesetas a Justo Dufur, pelotari profesional, natural de Espinal, por dos partidos! En 1967 se disputó la eliminatoria de segunda categoría entre Esparza y Sanz II, de Pitillas y Azagra, contra Guindano y Rico, de Esparza de Galar. En fiestas de 1971 se jugaron tres partidos de pelota: en el primero, el que nos interesa, lo disputaron Esparza e Induráin (de Pitillas) contra Andura y Erviti (de Larumbe).

Fue en junio de 2009 cuando se demolió gran parte del frontis y pared lateral, quedando como actualmente lo conocemos y guardando con cuidado las piedras derribadas en la escombrera situada en el Canto Barranco.

Frontis antes de la demolición

El nuevo frontón cubierto (polideportivo).

Aprovechando el emplazamiento de las piscinas construidas en 1983 se edificó el nuevo frontón municipal cubierto inaugurado en las fiestas de 1997 con un saque de honor del gran Arretxe. Costó la friolera de 27,3 millones de pesetas, pagado a medias con el Gobierno Foral. La obra quedó finalizada con su cierre lateral derecho, ofertado en 1999 bajo un precio de licitación de 5.717.127 pesetas.

Desafíos y apuestas.

Para terminar, no hay que olvidar a los grandes pelotaris del pueblo que salían en los periódicos de la época:

  • Demetrio Guemberena, "el Pitillés" (1899). Aunque nacido en Cizur Mayor, se vinculó a Pitillas por matrimonio con la pitillesa Dámasa Luri Bolea. Jugó un partido durísimo en Villava donde se cruzó mucho dinero. Dicen las malas lenguas de la prensa que empezó con fuerza pero que luego jugó "como desganado". 
  • Evaristo Ayerra y Abdón Garde (1905). Fueron a las fiestas de Mélida y les ganaron a los de Murillo el Fruto. Los de Murillo, picados, les desafiaron a la revancha jugándose un mínimo de 500 pesetas (un dineral entonces) en cualquier frontón menos en Pitillas. Los nuestros aceptaron encantados y propusieron Santacara en fiestas.

Abdón Garde

  • El festival del "Sport Pitillés" (1907). Se organizó un partido tremendo: Abdón Garde, él solo contra dos, Felipe Pejenaute y Alejandro Sagardoy. Se jugaban 250 pesetas y la entrada costaba una peseta la galería y 50 céntimos la general. Estuvieron dándole a la mano desde las cuatro hasta las siete de la tarde con pelotas finas de “ocho reales” del fabricante Modesto Sainz. Al final, lógicamente, ganó la pareja porque Abdón acabó reventado, pero el cronista de la época pidió una revancha porque el frontón se llenó hasta la bandera.
  • Francisco Rodríguez Grocin. Nacido circunstancialmente en Pitillas en 1924. Hijo de Castor, de Ruyales del Agua (Burgos) y de Sebastiana, de Dicastillo. Fue referencia destacada en el remonte aficionado. Con Ángel Lecumberri en la zaga consiguió 16 títulos navarros y 9 nacionales. Probó el terreno profesional en 14 ocasiones y recibió la medalla al Mérito Deportivo.

D. N. Rodríguez Grocin